viernes, 27 de noviembre de 2015

Zen y Budô

Practicar artes marciales siempre tiene que ver con el enfrentarse al ego propio. En una pulsación continua entre el ensimismamiento profundo y orgulloso de lo bien hecho, vs. la constante crítica de quienes nos instruyen y enseñan, casi siempre el ego sale perdiendo. Por ello es que desde hace siglos (y recuerdo ahora las famosas máximas de Takuan) el Zen y las artes marciales, sobre todo las de espada, han estado en una especie de simbiosis continua: los grandes espadachines suelen ser personas que se enfrascaron en el estudio profundo del Zen o conocieron a monjes que les dieron forma espiritual y mentalmente. Sin embargo, lo dicho como dogma es algo completamente antizen: se ha repetido esto hasta el cansancio de tal forma que ahora practicamente todo el mundo asume que sin Zen no hay kendô o iaidô o kyudô. La solución a este problema es muy simple, así como los budôkas modernos tienen tiempo para ir a sus dôjô
a entrenar su disciplina, deberían dedicarle unos minutos de sus días a la meditación profunda... sin Zazen, el arte marcial carece de corazón y se refugia en una máscara vacía en donde el orgulloso ego pretende decirse a sí mismo: "Oh! claro que puedo vencerme!"... Meditar algunos minutos del día es igual de importante que cortar cien o doscientas veces con el sable el aire... GASSHÔ

Hannya Shingyo...

El sutra "Maka Hannya Haramita Shingyô" es uno de los sutras más populares e importantes del budismo japonés. Hay muchos textos que lo estudian desde puntos de vista filosóficos, religiosos e incluso hasta científicos. No hablaré de dichas perspectivas pues no estoy capacitado para hacerlo. De lo que hablaré aquí fue de mis primeras experiencias al conocerlo hace ya algunos años: aletargante y somnífero tras una larga sesión de Aikidô. Efectivamente el sopor y la incomodidad de estar en seiza (en ese lugar se permitía meditar en esa posición tan conocida para los artemarcialistas) hacían la concentración casi imposible al principio. Tras mucho cantar, a los dos meses le empecé a agarrar el gusto. Luego tuve que dejar el Zen por un rato. Hace algo de tiempo que retomé la práctica de Zazen, y al volver a recitarlo, sentí como si estuviera frente a frente con un viejo conocido, con alguien a quien, a pesar de no haber compartido muchos momentos con él, ya supiese algo importante de su vida. El sutra de poco en poco se va decantando en tu mente, filtrando en tus poros, y tras práctica repetitiva, COMO CUALQUIER COSA EN EL MUNDO (es decir, naturalmente) empieza a alojarse en tu mente y puedes concentrarte en la entonación correcta o en el martilleo del Mokugyo (una especie de "tamborcillo de madera"). El sutra no tiene nada de especial pero, ahora comprendo, porque es en realidad tan especial para los budismos japoneses
. GASSHÔ.

La Sesshin

Sesshin
es considerada en América y Europa una oportunidad para que los neófitos del budismo, en especial el Zen, se aproximen a la vida que existe en los monasterios japoneses. Desde cierta concepción es vista también como una especie de retiro espiritual para que, armonizándose con los demás participantes, las necesidades básicas de alimentación y sustento puedan ser satisfechas. Hasta cierto punto esto es verdad. Sin embargo el corazón de la Sesshin es explorar el interior a través de largas sesiones de Zazen, las cuales, los primeros días pueden ser muy dolorosas y frustrantes. Pensar en el dolor y someterse a él, para luego, poco a poco, irlo olvidando, irlo transformando en una nube encima de la cual uno puede flotar liberado es una experiencia muy interesante, prueba de la enorme fortaleza de nuestra mente por encima de nuestro cuerpo. No hay mente sin cuerpo ni cuerpo sin mente, son correlativos y coexistenciales, pero hubo un punto en nuestras vidas en donde le dimos las riendas de nuestro Dharma al cuerpo, y es momento de que la mente las recupere. Enseñarte cómo hacerlo, poco a poco, gradualmente... eso es una Sesshin y el aprendizaje nunca es generalizado, siempre es una experiencia personal. GASSHÔ.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Qué es Mugetsu-ji?

Mugetsu (無月) significa en japonés "Luna vacía", o "Vacuidad en la Luna", aunque en una forma poética es el modo de referirse a los cielos con Luna nueva, es decir, una Luna que está, pero no se ve. Ji (寺) significa, igualmente en japonés, "templo". Así pues, el término significa "Templo de la Luna Vacía" o, más correctamente, Templo de la Luna Nueva. Por qué elegí este nombre? Nací en México y vivo aquí. México es la trasposición incorrecta del náhuatl "Meshíko" al castellano del Siglo XVI hecha por los conquistadores españoles. Meshíko significa "Lugar en medio de la Luna, en su ombligo", lo cual según algunos amigos nahuatlatos también puede significar lugar vinculado a la Luna o que se originó de. Como sea y siendo tanto el náhuatl como el japonés lenguas muy poéticas, queda clara la metáfora: Del vacío vengo y al vacío voy... la Luna está en el vacío, MU! Por otro lado, arbitrariamente le nombré "templo" pues pretendo publicar las ideas más íntimas vinculadas al estudio del Zen, y siendo el Zen un asunto muy íntimo y sagrado, no encuentro mejor palabra (malditos conceptos!) que usar este término. Algunos puristas expertos en los temas subrayarán la herejía del nombre pues dirán que este sitio/blog no ha sido creado por ningún maestro, y se tocan temas mundanos y egocéntricos y bla bla bla... a todos ellos les pongo una bonita imagen de Daibutsu y les reverencio haciendo sanpai. GASSHÔ.

Un nuevo inicio...

La vida, desde que inicia, está llena de inicios y de conclusiones. No sabemos ni podemos demostrar, por el momento, científicamente, si hay o no reencarnaciones del alma. Lo que sí es seguro es que, una vez iniciando nuestra vida ha comenzado la cascada infinita y pura de lo que suponen infinidad de ciclos continuos que iniciarán y terminarán con nuestra respiración latente y constante. Es así pues que inicia este Blog para aportar y dejarse aportar... hasta el fin de sus días. GASSHÔ.